Imágenes: Cortesía Bandai Namco Entertainment
Video: Cortesía Bandai Namco Entertainment

Catorce años después de su última entrega principal, “Once Upon a Katamari” marca el regreso formal de una de las franquicias más excéntricas y queridas de los videojuegos, con una propuesta que mezcla nostalgia, humor absurdo y una ambición inédita para la saga, disponible en PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC.
Katamari vuelve a rodar
Más allá del remake de 2018 y del contenido adicional en 2023, el Rey del Cosmos y el Príncipe vuelven para recordarnos que salvar el universo también puede ser profundamente divertido con un título inédito desde 2011. De tal forma, “Once Upon a Katamari” no reinventa la franquicia en absoluto; entiende que su identidad está en la simplicidad de su premisa y en lo extravagante de su ejecución. Entonces, seguimos rodando una esfera a la que se pega absolutamente todo lo que encuentra a su paso, pero ahora con mayor énfasis narrativo y una sensación de progresión más clara.
Desde el primer momento, “Once Upon a Katamari” deja ver que su propuesta está enfocada en la cantidad de objetos recolectables (más de 3,700) y en la forma en que todo está contextualizado dentro de un viaje a través del tiempo. Esta decisión narrativa no es solo un pretexto visual, sino un recurso que permite variar escenarios, misiones y dinámicas sin romper la esencia clásica de la franquicia. Es así como el juego nos recibe con una introducción cinemática que es una explosión de dopamina visual y auditiva que nos prepara para el caos satisfactorio que viene.

Un caos conocido y más desarrollado
La premisa general se mantiene fiel. El Rey del Cosmos, en un arranque de curiosidad y torpeza divina, ha borrado accidentalmente la Tierra, la Luna y las estrellas del firmamento. Nuestra misión como el abnegado Príncipe es reconstruir el cosmos utilizando un Katamari, una esfera adhesiva capaz de recoger desde un clip hasta un dinosaurio. Lo que hace especial a esta entrega es su enfoque en el tiempo; ya no solo limpiamos ciudades modernas, sino que viajamos por épocas históricas para recuperar la memoria del planeta, dándole al título mucha más frescura.
Cada nivel está justificado dentro de la era que visitamos. No estamos recolectando objetos al azar; estamos recuperando fragmentos de historia para que la Tierra “recuerde” quién es. Esta estructura hace que avanzar por los mundos se sienta más como un progreso narrativo con la necesidad de obtener coronas escondidas para desbloquear nuevos niveles. La personalidad del Rey, con su mezcla de arrogancia divina y torpeza paternal, sigue siendo entrañable, logrando que cada interacción sea un momento que vale la pena ver, incluso cuando nos está humillando por no haber recogido suficientes objetos.
Si algo destaca en “Once Upon a Katamari” es que precisamente pone esfuerzo en justificar su narrativa. No solo se trata de limpiar el desastre del Rey; se trata de una búsqueda por devolverle la identidad a nuestro hogar en un tiempo límite por nivel. El humor absurdo sigue siendo el pilar central, manifestándose en cinemáticas jocosas que exploran no solo los berrinches del Rey cuando fallamos una misión (esos regaños siguen doliendo en el orgullo), sino también la historia de la Reina, contada con un estilo visual único que aporta una capa de trasfondo que no sabíamos que necesitábamos.

Desastre divertido y compartido
El núcleo de “Once Upon a Katamari” sigue siendo su campaña principal, un viaje a través de diez eras distintas que nos llevan desde el Jurásico hasta la era de los samuráis. Sin embargo, la gran novedad es el Katamari Ball. Este modo competitivo para cuatro jugadores (contra la CPU o humanos) nos lanza a una arena donde el objetivo es recolectar puntos entregando objetos. La vuelta de tuerca es que podemos adherir a nuestros propios oponentes si somos lo suficientemente grandes, aunque con una penalización táctica pues, entre más crecemos, más lenta se vuelve la esfera, obligándonos a decidir entre el tamaño bruto o la agilidad para entregar puntos rápidamente.
Tristemente, el multijugador online sufre actualmente de una comunidad algo dispersa. Durante mis sesiones en PlayStation 5, encontrar una partida aleatoria fue una misión casi tan difícil como satisfacer al Rey del Cosmos. Por ahora, la mejor forma de disfrutarlo es mediante salas privadas con amigos o enfrentando a una CPU bastante competente. Es un añadido divertido que rompe la monotonía del juego en solitario, pero que requiere de una base de jugadores más activa para brillar como se merece en el ecosistema competitivo actual.
“Once Upon a Katamari” brilla en la personalización. En esta ocasión podemos jugar no solo como el Príncipe, sino como cualquiera de sus 68 primos, cada uno personalizable con diferentes cuerpos, caras y colores. Esta libertad se extiende a la propia nave que nos permite viajar en el tiempo, permitiéndonos decorarla con elementos particulares. El incentivo para experimentar con esto es un robusto sistema de coleccionismo y un sistema de recompensas (King Tokens) por completar niveles.

Girar, adherir y crecer
El gameplay ofrece dos esquemas de control: El clásico con dos sticks, que ofrece una precisión técnica absoluta para cambiar de dirección y hacer giros cerrados, y una opción simple de un solo stick, ideal para quienes son nuevos en la serie. La curva de aprendizaje puede parecer confusa, pero bastan unos minutos para que todo haga clic; no obstante, hay momentos en que el control hace notar el paso del tiempo. Además, se han añadido mecánicas de movilidad como el Dash (que agota al Príncipe entre más se use) y la capacidad de escalar obstáculos incluso si nuestra esfera es ligeramente más pequeña que el escalón.
El bucle jugable sigue siendo tan adictivo como siempre llevándonos a recorrer escenarios, rebotar contra objetos demasiado grandes y regresar más tarde para devorarlos cuando nuestra Katamari ha crecido lo suficiente. La gran innovación mecánica son los Freebies (power-ups temporales) como el imán que permite atraer objetos o un reloj para frenar brevemente el tiempo, lo que añade un componente estratégico en los niveles con tiempo límite.
Además, la física sigue siendo la estrella oculta; aunque caricaturesca y con fallas menores, es sorprendentemente expresiva. La forma y el peso de los objetos afectan el movimiento del Katamari, dando brincos y afectando la trayectoria en general haciendo que cada nivel se sienta único con un toque de realismo dentro de lo absurdo, lo que hace que la inmersión sea total y que cada objeto recogido se sienta como parte de un todo.

Mundo caricaturesco lleno de color
Gráficamente, el juego se mantiene fiel a su estética caricaturizada y colorida. Obviamente no busca realismo, ni lo necesita; su mundo se siente como una maqueta viva, llena de detalles coherentes con su propio lenguaje visual. La amplia paleta de colores y la fluidez de las animaciones refuerzan su identidad. El diseño de arte destaca especialmente en la forma en que cada era histórica imprime personalidad al Katamari, modificando su apariencia y el tipo de objetos que recolectamos. Las numerosas cinemáticas enriquecen la experiencia y refuerzan la sensación de estar ante un título mucho más narrativo.
La música vuelve a ser uno de los puntos más fuertes. El J-pop sigue marcando el ritmo de la aventura con temas pegajosos y energéticos que se quedan en la cabeza durante horas. La variedad musical acompaña bien los distintos momentos del juego, desde el frenesí del rodar hasta las cinemáticas más narrativas. El diseño sonoro cumple su función sin buscar protagonismo excesivo.
Existen algunas voces que se mantienen en inglés, pero los diálogos se desarrollan mayormente apoyándose por textos en pantalla localizados al español, inglés y francés. Es justo decir que estos campos pueden llegar a ser invasivos y distraer durante el gameplay. En contraste, cuando la cámara parece posicionarse en un ángulo incómodo se le hace una perforación al objeto para no perder la perspectiva.

Nostalgia y reinvención
“Once Upon a Katamari” es un regreso con ambición. Su enfoque narrativo, la variedad de mundos y la cantidad de contenido lo convierten en una experiencia profundamente entretenida y, en muchos momentos, casi catártica. Hacer crecer el Katamari sigue siendo una actividad hipnótica, capaz de absorber horas sin que lo notemos. En lo jugable puede denotar cierto estancamiento al mantener su esencia más pura, pero las adecuaciones, como los power-ups temporales, son más que bienvenidas.
Este regreso es una carta de amor que justifica su existencia con mundos más coherentes y una historia más profunda. Es un respiro necesario entre tantos juegos de disparos y mundos abiertos; es puro corazón tan absurdo como brillante. Es un título para quienes valoran la originalidad y buscan un juego que sea, ante todo, divertido y despreocupado. Es un recordatorio de que, a veces, para salvar el universo, solo necesitamos empezar a rodar y no detenernos por nada.
“Once Upon a Katamari” ya se encuentra disponible para PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch y PC.

Detalles de Once Upon a Katamari
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Distribuidor |
Bandai Namco Entertainment |
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Desarrollador |
RENGAME |
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Género |
Aventura |
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Plataformas |
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Duración aproximada |
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Idiomas en audio |
Inglés |
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Idiomas en texto |
Español, Inglés |
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Modo en línea |
Sí |
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Jugadores locales |
1 |
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Jugadores en línea |
2 – 4 |
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ESRB |
Everyone |
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Fecha de lanzamiento |
24 de octubre de 2025 |
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Precio |
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Pros y Contras de Once Upon a Katamari
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Pros |
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Contras |
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8.3/10 |
Reseñado en: PlayStation 5 gracias a un código otorgado por Bandai Namco Entertainment.

