Imágenes: Cortesía Met Opera | Marty Sohl

Wolfgang Amadeus Mozart encontró en la ópera bufa una forma de explorar el comportamiento humano. En “Così fan tutte”, la comedia convive con el sufrimiento y el drama de las relaciones amorosas, en una historia que utiliza el engaño para cuestionar nuestras certezas sobre la fidelidad.
Durante el siglo XVIII, la ópera experimentó distintas transformaciones, entre ellas la reforma impulsada por Christoph Willibald Gluck, quien buscó una mayor integración entre música y drama. Mozart desarrolló su propio lenguaje a partir de diversas tradiciones y consiguió que la comicidad de sus personajes conviviera con emociones complejas, algo que resulta fundamental para comprender esta obra, estrenada en 1790 con libreto de Lorenzo Da Ponte.
Una apuesta que expone las contradicciones humanas
La historia comienza cuando Ferrando y Guglielmo presumen de la fidelidad de sus prometidas, Fiordiligi y Dorabella. Don Alfonso cuestiona esa seguridad y propone una apuesta para demostrar que ambas pueden sucumbir a la seducción. Con disfraces y engaños, los jóvenes intentan conquistar a la pareja del otro, mientras Despina, la criada de las hermanas, contribuye al experimento.
Lo que parece una comedia de enredos pronto revela una dimensión más incómoda. Conforme avanza la trama, los personajes descubren que las emociones no siempre responden a sus convicciones y que poner a prueba una relación puede tener consecuencias que escapan de su control.
Mozart transita entre el humor y el drama mediante una música que acompaña las situaciones cómicas, pero también deja espacio para la duda y el dolor. Así, el espectador pasa de reírse de los engaños a cuestionar la crueldad del experimento y las certezas de quienes lo pusieron en marcha.
Coney Island: un carnaval de apariencias
La producción del Metropolitan Opera, dirigida escénicamente por Phelim McDermott, traslada la acción a un parque de diversiones inspirado en Coney Island durante los años cincuenta. El colorido de las atracciones y el ambiente festivo contrastan con el lado oscuro de la historia, donde los disfraces y las apariencias sirven para manipular los sentimientos de los protagonistas.
Esta propuesta visual encuentra una correspondencia natural con la trama. En un espacio diseñado para entretener y sorprender, los personajes interpretan papeles que terminan por desestabilizar sus propias relaciones. El carnaval se convierte así en el escenario de un experimento que comienza como un juego y termina exponiendo las contradicciones de quienes participan en él.
La transmisión presentada en el Auditorio Nacional el 3 de octubre, como parte de la temporada 2026-2027 del MET, recupera una obra cuya vigencia reside en su capacidad para generar preguntas incómodas sobre el amor.
¿Una comedia misógina?
“Così fan tutte” ha sido cuestionada por la manera en que representa a las mujeres y por la premisa de que su fidelidad puede ponerse a prueba. Sin embargo, reducirla a esa idea deja fuera las contradicciones de los personajes masculinos, quienes también quedan expuestos por su arrogancia, sus inseguridades y su disposición a jugar con sus propias relaciones.
El desenlace mantiene esa ambigüedad. La reconciliación, el perdón y la posibilidad de continuar después del engaño no quedan reducidos a una respuesta sencilla, lo que permite que cada espectador interprete las decisiones de los protagonistas desde su propia perspectiva.
Más de dos siglos después de su estreno, “Così fan tutte” continúa mostrando que el amor puede ser mucho más complejo que las certezas con las que intentamos explicarlo. Mozart y Da Ponte construyeron una comedia que, detrás de sus disfraces y situaciones absurdas, revela un drama profundamente humano, el de quienes intentan comprender la fidelidad, el deseo y las contradicciones de sus propias relaciones.