Imágenes: Cortesía Marty Sohl | Met Opera

La obra “El último sueño de Frida y Diego” se ha consolidado como un emotivo tributo a dos de los mayores íconos del arte mexicano, entrelazando temas como el perdón, la muerte y la permanencia de los vínculos afectivos más allá de la existencia terrenal.
Con una continuidad dramática sostenida y un flujo narrativo constante, característico de las grandes producciones operísticas, “El último sueño de Frida y Diego” construye una paráfrasis contemporánea del mito de Orfeo. En esta ocasión, los papeles se invierten; Diego permanece entre los vivos mientras Frida, ya fallecida, regresa desde el Mictlán durante el Día de Muertos para reencontrarse con él y, eventualmente, acompañarlo hacia el descanso eterno con la ayuda de La Catrina.
La decisión de presentar la obra completamente en español resulta particularmente significativa. Más allá de tratarse de una historia profundamente vinculada con la cultura mexicana, la producción apuesta por una de las lenguas más habladas del mundo para acercar al público internacional a una narrativa protagonizada por dos figuras universalmente reconocidas.
Musicalmente, la ópera destaca por la riqueza de su construcción narrativa y descriptiva. La partitura acompaña de manera precisa cada momento dramático, permitiendo que la música funcione como un vehículo emocional capaz de guiar al espectador a través de los distintos estados de ánimo de los personajes. Las voces solistas y el coro ofrecen interpretaciones de enorme fuerza expresiva, mientras que el libreto incorpora expresiones coloquiales y referencias propias de la cultura popular mexicana, aportando autenticidad y cercanía a la historia.
La escenografía es otro de los grandes logros de la producción. Cada detalle ha sido cuidadosamente diseñado para recrear tanto los espacios asociados al universo creativo de Diego Rivera como una visión estilizada e idealizada del Mictlán. El resultado es un despliegue visual lleno de luces, texturas y matices que transforma constantemente el escenario y estimula los sentidos del espectador.
A esta riqueza visual se suma un elemento particularmente destacado: la presencia del ballet. La coreografía acompaña y complementa cada escena, añadiendo nuevas capas de significado al drama y ampliando la fuerza emocional de la narrativa. El movimiento de los bailarines contribuye a crear imágenes de gran belleza plástica que enriquecen una propuesta ya de por sí abundante en música, simbolismo y teatralidad.
En el centro de la obra se encuentra una historia profundamente humana. Más allá de las referencias históricas o culturales, la ópera explora el dolor de la ausencia, la necesidad de reconciliación y la búsqueda de paz frente a la muerte. Todo ello se articula a través de una poderosa triada dramática formada por Frida, Diego y La Catrina, personajes que generan una dinámica intensa donde convergen la realidad, la memoria y la espiritualidad.
Bajo la dirección musical del maestro Yannick Nézet-Séguin, con producción escénica y coreografía de Deborah Colker, la obra cuenta con un elenco de primer nivel encabezado por la mezzosoprano Isabel Leonard como Frida Kahlo, la soprano Gabriella Reyes como La Catrina y el barítono Carlos Álvarez como Diego Rivera.
La función del pasado 30 de mayo marcó un momento importante para la presencia del idioma español dentro de los grandes escenarios operísticos internacionales, además de cerrar la temporada 2025-2026 del Met de Nueva York con una producción que ya ocupa un lugar destacado dentro de la historia reciente de la institución.
“El último sueño de Frida y Diego” representa además la primera ópera de la compositora estadounidense Gabriela Lena Frank. La obra fue comisionada por las compañías de ópera de San Diego, San Francisco y Fort Worth, así como por la Escuela de Música de la Universidad DePauw, con apoyo de instituciones académicas estadounidenses.
La trayectoria de Gabriela Lena Frank aporta una dimensión particularmente interesante a la obra. La compositora vive con una condición auditiva que le provoca pérdidas intermitentes de audición, experiencia que ha influido profundamente en su relación con la música y en su proceso creativo. Esa circunstancia ha llevado a algunos observadores a establecer paralelismos con la experiencia de Ludwig van Beethoven, quien continuó componiendo aun cuando su capacidad auditiva se encontraba gravemente deteriorada.
Con esta producción, el Met incorpora una nueva partitura contemporánea a su repertorio y reafirma su interés por ampliar la diversidad cultural y lingüística de su programación. La puesta en escena de Deborah Colker, reconocida internacionalmente por su innovador lenguaje coreográfico, se benefició además de una estancia de investigación en México, donde la directora pudo conocer de cerca las tradiciones asociadas al Día de Muertos que inspiran gran parte del universo visual de la obra.
De esta manera, “El último sueño de Frida y Diego” se convierte no solo en un homenaje a dos figuras fundamentales del arte mexicano, sino también en una celebración de la identidad cultural, la memoria y la capacidad de la ópera contemporánea para dialogar con nuevas audiencias sin renunciar a su profundidad artística.
