Imágenes: Cortesía
Carlos Álvarez presenta “El último sueño de Frida y Diego”, una ópera estrenada hace apenas tres años, cuya música moderna se aleja de la tradición de la zarzuela u opereta. Es una pieza escénica con melodías audibles, cantables y cuidadosamente diseñadas para delinear la personalidad de cada personaje mediante motivos musicales propios. Según Álvarez, sería maravilloso que el público saliera del teatro tarareando alguno de esos temas.
Aunque Frida y Diego fueron figuras profundamente entrelazadas con la política y los movimientos indigenistas, la obra busca presentar una historia de amor, subrayando aquella frase que ambos compartieron sobre un amor que deseaban eterno, aunque la vida real no lo permitiera.
La producción ya tuvo una segunda función y continúa en ensayos, afinando cada detalle para que la historia se cuente con claridad. Aunque está en español, la acción escénica es tan expresiva que la narrativa se entiende por sí misma. Además, la presencia de obras de los artistas sobre el escenario genera atmósferas capaces de cautivar incluso a quienes pisan un teatro por primera vez.
La ópera expresa con precisión el compromiso político del matrimonio, mostrando sus vidas tal como fueron, sin juicios ni interpretaciones moralizantes. El objetivo es prestar el cuerpo para encarnar a los personajes con sus claroscuros, en una relación tan apasionada como controvertida.
Carlos Álvarez explicó que su investigación personal sobre Diego Rivera le permite ofrecer un acercamiento honesto y creíble, para que el público forme sus propias conclusiones sobre la vida y carácter del muralista. El papel de Diego está escrito para un barítono dramático de rango agudo, un registro en el que Álvarez se siente cómodo, aunque bromea con que desconoce cómo habría cantado el propio Diego, de haberlo hecho.
Sobre Frida, interpretada por una mezzosoprano, Álvarez subraya que no se busca una representación folclórica, sino una aproximación emocional que permita al público conectarse con el espíritu del Día de Muertos y con la sensibilidad mexicana.
Carlos celebra 37 años de profesión, una carrera que no planeaba (quería ser médico), pero que lo ha llevado a una tradición de más de 400 años: la ópera. Esta obra, afirma, permite redefinir la imagen que se tiene de Diego y Frida sin endulzar su historia ni cancelar sus posturas políticas. El libreto aborda su contexto social, sus tensiones y pasajes íntimos, lo que la convierte en una propuesta atractiva y necesaria.
Álvarez destacó que la libertad de pensamiento y expresión debe encontrar en el teatro un espacio natural. Nueva York vive actualmente un periodo dedicado a Frida y Diego, con exposiciones y actividades en torno a ellos, y el MET está a la altura de esa demanda cultural.
“La ópera puede salvar al mundo”, dijo, refiriéndose a su capacidad para transformar estados de ánimo, invitar a la reflexión y abrir espacios para que los jóvenes se acerquen a espectáculos de calidad. La cultura, afirma, es un educador que amplía horizontes y sensibilidades.
Finalmente, invitó al público mexicano a no perderse esta puesta en escena sobre dos artistas plásticos mundialmente conocidos, retratados con matices, emoción y fidelidad. Una ópera fastuosa que atrapa los sentidos y que, más allá de ser una historia mexicana, está realizada con música poderosa y actuaciones intensas que mantendrán al público al filo de su butaca.
