Imágenes: Cortesía Karen Almond. Met Opera

La ópera “Andrea Chénier” está dividida en cuatro actos, con música de Umberto Giordano y libreto en italiano de Luigi Illica, presentada el 13 de diciembre en el Auditorio Nacional.
Basado libremente en la historia del poeta y periodista político francés, André Marie Chénier, esta ópera tuvo su estreno mundial en el Teatro alla Scala de Milán, un 28 de marzo de 1896 y en México en el Teatro Nacional, los días 2 y 3 de noviembre de 1899, llegando al MET el 7 de marzo de 1921, regresando de nueva cuenta para cerrar el año 2025, el 13 de diciembre para ser también proyectada en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.
Bajo la batuta del director concertador Daniele Rustoni, y una producción de Nicolás Joel, teniendo como participaciones estelares al tenor Piotr Beczala de Czechowice-Dziedzice, Polonia en el papel de Andrea Chénier, a la soprano Sonya Yoncheva de Plovdiv, Bulgaria en el papel de Maddalena di Coigny, al barítono Igor Golovatengo de Moscú, Rusia en el papel de Carlo Gérard y Siphokazi Molteno, Oleysa Petrova, Brenton Ryan, Guriy Gurev, Maurizio Muraro en las voces adicionales del complejo nudo de personajes de esta apasionante tragedia.
Las dos arias de Carlos Gérard, el sirviente revolucionario: "Son sessant'anni" y "Nemico della patria"; cuatro del protagonista, una de las más emblemáticas en el repertorio para tenor, "Un dì all'azzurro spazio", además de "Credo a una possanza arcana", "Sì, fui soldato" y "Come un bel dì di maggio"; mientras Maddalena rememora su vida con "La mamma morta" y dos sublimes dúos con Chénier, "Ecco l'altare... Ora soave" y "Vicino a te", con lo que cierra la ópera antes de ser ejecutados en la guillotina, y otra no menos importante, la de la anciana Madelon que hace una remembranza dramática en su breve intervención: "Son la vecchia Madelon".
El poeta Luigi Illica había escrito, por encargo, el libreto de Andrea Chénier para el compositor Alberto Franchetti que cedió los derechos a Umberto Giordano por considerar, en parte, que el argumento era demasiado complejo, y por otra que Giordano pasaba por una depresión tras el
fracaso de su ópera anterior, Regina Diaz. Giordano encontró en Chénier una gran motivación para escribir una admirable partitura que terminó después de casi dos años de labor, encontrándose con un obstáculo para su estreno en voz del crítico musical Amintore Galli, quien además era el director artístico de la casa editorial Sonzogno, vetó la partitura por considerarla irrepresentable. Sólo la intervención de Pietro Mascagni, acreditado y admirado compositor, autor de Cavalleria rusticana, logró que se representara.
Reglando al público grandes interpretaciones, Piotr Beczala fue el más aplaudido por sus arias llenas de legatos y de grandioso teñiros en sus agudos, con los que llega a fascinar en cada interpretación que se destacó también entre los hermosísimos paisajes sonoros que la orquesta representaba con la extrema musicalidad de que se acompaña cada pieza solista, dando realce y profundidad a toda la ópera, de la que también se destaca su sentido poético y las finas armonías y sonoridades del coro en cada una de sus participaciones.